... pero ahí va. Lo escribí esta Semana Santa, y aún a riesgo de que muchos "sevillanitos de pro" se me echen encima, se lo regalo al ciberespacio.
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Hace tiempo que pienso una cosa
pero no lo quiero decir muy alto,
porque es casi una herejía,
una blasfemia al sevillano.
Y lo que pienso es que si viniera
Jesús a Sevilla en marzo
vendría a pie (sandalias gastadas),
y no subido en un paso.
“Ni mijita” de plata y carey,
¡nada de hilos dorados!
Porque es Dios de madera y piedra,
de sol, de agua, de barro.
No es dios de una semana,
sino de todos los días del año.
Pa’ bien o pa’ mal, una semana
nos echamos a la calle los sevillanos
y celebramos su muerte, su sangre,
su agonía, sus clavos,
su corona de espinas,
sus ojos entornados.
Pero cuando llega el Domingo Grande
y el Señor ha resucitado,
se queda Sevilla en casa,
... Que ya estamos cansados.