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lunes, 3 de mayo de 2010

Patitos y dinosaurios



Tras una fase de prueba, creo que ya es oficial que soy la niñera de una familia más (solo que, estando el patio como está, los padres saben que pueden contar conmigo solo puntualmente).

El viernes pasado tuve el segundo capítulo de esa fase de prueba, y estuve bañando y ayudando a una mamá a bañar a sus 3 peques (uno "grande" [tres añitos] y dos gemelas de un año).

El niño era un pelín tímido y no estaba muy por la labor, pero mis encantos niñeriles pudieron con él. Estando él en la bañera, yo cogí el primer ítem que asomaba por ahí: un patito de goma. Me acerqué al dinosaurio que tenía él, con el que estaba chapoteando en silencio, claramente cortado.

Cuando el patito empezó a hablarle al dinosaurio, al niño se le olvidó la vergüenza y el mal rollo, y a través de esos dos muñequitos de plásticos nos hicimos amigos él y yo. Si dejaba de mover al patito para ayudar a su madre con una de las gemelas, en seguida el chico me decía "¡eh, sigue jugando!". Y yo feliz de habérmelo ganado en tan poco tiempo.

En una de esas en las que el niño intentaba reclamar mi atención, empezó vapulear al dinosaurio arriba y abajo, chapoteando y salpicando agua. Entonces cogí al patito y dije con mi mejor voz de pato:

"Oh, ¿qué es eso? ¿Un terremoto?"

Y él respondió súper normal: "No, es un dinosaurio".

Y yo decidí que quería trabajar para esa familia.

jueves, 14 de enero de 2010

"Maltitaciones" y otros males

Hoy he estado cuidando a/jugando con/dando clase a uno de mis niños, el más pequeño. No se encontraba del todo bien, y en una de esas me dice:

- Belén, tengo maltitaciones en los oídos.

- ¿Maltitaciones? ¿Qué es eso?

- Pues que me hace "pum pum, pum pum, pum pum".

- Aaaah, palpitaciones...

- Eso, eso.

lunes, 28 de septiembre de 2009

¿Tú nos quieres?

Fue hace tiempo. Me había quedado a pasar el fin de semana cuidando a dos niños. Nos encantó a los tres.

La mañana que amanecí con ellos, entre cosquillas y potreos de cama, el más chiquitín se paró y me dijo muy serio:

- Belén, ¿tú nos quieres?

(Caída de baba por mi parte)

- Pues claro que sí, ¡os quiero un montón!

(Silencio reflexivo por su parte)

- ... Entonces, ¿por qué mi madre te paga?



No le respondí. Creo que no hay respuesta.

¿Qué le hubierais dicho a esos ojos grandes y a esa boca con churretes de ColaCao? Se admiten sugerencia, aunque sea a toro pasado...

lunes, 13 de abril de 2009

Gracias por los niños

Mañana lunes (o mejor dicho, hoy lunes) tengo que entregar un trabajo de Historia Moderna que me trae de cabeza. Tiene muchísimo peso en la asignatura, es algo así como el trabajo final de la asignatura. En mi caso, es una especie de estudio comparado sobre las políticas asistenciales del mundo católico y el protestante en la edad moderna. 

Llevo una Semana Santa de locos, diciendo "no tengo tiempo" a casi todo y a casi todos. Por eso, cuando hoy me llamaron para preguntarme si podía echar un ratillo trabajando de canguro, estuve a punto de decir que no. Pero pensé que no me vendría mal apartarme una hora de los libros. Además, hoy no eran unos niños cualesquiera, eran "mis niños", y sé que con ellos siempre paso un buen rato. 

Hoy los he llevado al parque. Yo hoy era Amidala; el más pequeño era Anakin; y el más mayorcito, un cazarecompensas que nos perseguía por toda la galaxia intentando asesinarnos. Por azares del destino, en Naboo nos encontramos cara a cara con nuestro perseguidor, y descubrí que el cazarecompensas no era otro que un ex novio mio que se había pasado al lado oscuro y que nunca había superado que lo nuestro se acabara. ((Es mi obligación señalar que nada de esta historia fue añadido por mí. Ellos son los únicos "guionistas" de nuestros juegos, yo me dejo llevar)). Si George Lucas considerara versionar Star War al estilo telenovela, debería hablar con mis niños. 

Me lo estaba pasando tan bien que, literalmente, se me pasó el tiempo volando. La hora que me había pedido la madre de los niños, por eso de que yo tenía que hacer un trabajo muy importante y blablabla, se había convertido en hora y media cuando miré el reloj al volver de "una galaxia muy lejana". 

El caso es que, después de llevarlos de vuelta a su casa, y volviendo yo a la mía, me di cuenta de que iba por la calle sonriendo así porque sí. 

Quiero dar las gracias a Dios por los niños. Quiero darle las gracias porque son un remanso de inocencia y de ternura que no debería faltar en la vida de ningún ser humano. 

Lo único que me da pena es pensar que dentro de algunos años, y cada vez más rápido, mis niños crecerán y ya no serán niños. Ya no querrán jugar conmigo, aunque ellos me juran que siempre querrán, incluso cuando sean mayores. Pero ellos no saben que llegará el día en que no me necesitarán. Les llegará la edad del pavo y a lo mejor hasta se avergüenzan de los absurdos juegos a los que jugaban con su niñera. 

Bueno... no pasa nada. Yo voy atesorando con ternura cada tarde que vuelvo con las medias manchadas de arena del parque, oliendo a una mezcla extraña entre plastilina y chocolate, y sonriendo como una tonta, como hoy volvía a casa. Seguramente tendré que esperar a que sean ya un poco mayorcitos para darles las gracias a ellos directamente por todos aquellos días que volví a casa habiendo dejado atrás mis problemas, en algún lugar entre las cosquillas y las carreras por el pasillo. 

sábado, 14 de marzo de 2009

Ya no soy guay

Él ya lo sabe. Él ya tiene asumido que los miércoles no soy la misma que los sábados. Los miércoles "estudiamos": leemos libros, no le dejo entretenerse en los dibujos, hacemos dictados, le hago repetir palabras difíciles... un peñazo, supongo. Nada que ver con la payasa que va a su casa los fines de semana, la que le hace cosquillas, la que juega a la bruja, la que se disfraza de lo que haga falta, la que se sabe los pokemon y se sabe el nombre de todos los personajes principales de Star Wars. Creo que incluso sospecha que son personas diferentes, la del miércoles y la de los fines de semana.

Estábamos el último miércoles aprendiendo que "castillo" se escribe con elle. Yo utilizo un método muy tradicional, el que usaron conmigo: repetir una palabra hasta que se te quede cómo se escribe. Supongo que algún que otro estudiante de magisterio se me echaría al cuello, pero bueno, a falta de métodos nuevos... Se ve que a él tampoco le gustaba.

- En mi cole no lo hacemos así, no repetimos tantas veces las palabras, qué rollo.

- Bueno, pues yo sí lo hago así porque soy más guay.

- No, tú ya no eres guay. Eras guay cuando venías a jugar.

Moraleja de este post: nunca te pongas a darle clases a un niño que lo que realmente está deseando es ponerse a jugar contigo. Mucho menos si lo que realmente tú estás deseando es ponerte a jugar con él. 

domingo, 22 de febrero de 2009

De jedis y cristianos

... o por qué R2 D2 no puede ser jedi.



Él tiene 10 años recién cumplidos, mucha labia y una imaginación desbordante.

Estábamos jugando a Star Wars con sus muñecos nuevos. A mí me había tocado ser R2 D2 y me estaba quejando.

- Qué rollo, R2 D2 no puede llevar capa ni sable láser. Los robots deberían poder ser jedi, no es justo.

Y él me ilustró.

- Es que ser jedi no va de tener sable láser ni capa, va de tener un corazón para sentir la Fuerza. Ser jedi significa luchar por la justicia y por el bien de las personas que quieres - y se quedó un momento pensando, para añadir: - incluso por el bien de las personas que no quieres. De las que ni siquiera conoces.

- ... Entonces, ser jedi es un poco como ser cristiano, ¿no?

- ... Sí, se parece bastante.



Cada día aprendo algo nuevo.

sábado, 3 de enero de 2009

Un niño de ocho años me explica la Navidad

"A ver, yo sé que es difícil de entender, pero lo que pasó fue que Dios se casó con el mundo y tuvo a Jesús, pero ellos no podían hacerse humanos, así que se lo mandaron a José y María, que eran un hombre y una mujer que vivían en Belén y se lo mandaron a ellos porque eran los mejores, pero no los mejores porque fueran los más cachas y esas cosas de las pelis, sino porque eran los que tenían mejores sentimientos."
De todas las versiones que he escuchado hasta ahora, creo que me quedo con esta.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Por qué me gusta ser niñera

Porque una caja de galletas Dinosaurio puede ser un arma letal...





Porque ¿quién ha dicho que los robots no puedan ser de papel Albal y cartón?


Porque cuando nos aburramos del Geyperman, podemos hacer que sea Amenofis...

Y, en general, porque despiertan ese resquicio de imaginación que cada día tengo más confinado. Todos deberíamos jugar con niños de vez en cuando. Son la mejor terapia.

martes, 23 de septiembre de 2008

Me encanta...


Bell: - ¡Dios mío! ¿Qué es lo que tienen los Playmobil en la cara y los brazos?

Enrique: - Plasti...

Bell: - ¿Qué les ha pasado?

Enrique: - ¡Los he secuestrado!

Le tuve que hacer una foto...

lunes, 8 de septiembre de 2008

El peligrosísimo juego del Sí / No

Ese día, los niños estaban encantados. La niñera les había enseñado un juego nuevo, el juego del sí-no: el que la queda hace preguntas que no deben ser respondidas con sí o no, que son las palabras prohibidas.

Aquella tarde llevaban un rato largo jugando a eso en la piscina. La orgullosa niñera había visto cómo otros niños desconcidos se iban añadiendo al grupo y se divertían con el mismo juego.

- ¿Iríais conmigo a Disneyland? - preguntaba ella.

- ¡Por supuesto!
- Quizás...
- ¡Pues claro!

De vez en cuando, alguno se equivocaba y lanzaba un rotundo NOOO o un entusiasta ¡SÍ! Entonces, los demás reían. La niñera no se imaginaba el peligro potencial que escondía ese inocente juego...

La tarde estaba tranquila, así que hasta el socorrista se acercó a ver a qué jugaban esos niños. Pronto ya estaba jugando con ellos.

La quedaba uno de los niños mayorcitos. Ocho años y mucho descaro. Con determinación, señaló al socorrista.

- ¡Tú, socorrista! ¿Te gustaría que te pagaran más por tu trabajo?*

Y así fue como la niñera deseó que la tierra se la tragara.

*La respuesta del socorrista fue "Probablemente".

domingo, 7 de septiembre de 2008

Sinceridad infantil

Mi prima Carmen tiene 5 añitos y es lista como ella sola. Esto me lo ha contado mi hermana Clara. Contexto: mi hermana y mi prima se encuentran con el cartero en la puerta del bloque.

Cartero: - ¡Hola! Yo a ti te conozco.

Carmen: - Ah, ¿si?

Cartero: - Sí. ¿A que tú te llamas Carmen Pérez López? (Por ejemplo)

Carmen: - Sí...

Cartero: - ¿Sabes cómo lo sé? Yo es que soy adivino.

Carmen: - No.

Cartero: - Ah, ¿no? ¿Y entonces qué soy?

Carmen: - ... El cartero.

jueves, 4 de septiembre de 2008

El mundo es un columpio


A mí me enseñó mi hermana. Probablemente sería verano, éramos muy niñas y en aquel momento, las indicaciones precisas para saber columpiarme me parecieron un tesoro que mi hermana mayor me regalaba, una especie de secreto, una fórmula mágica.

Hoy he enseñado yo a un niño a columpiarse. Puede parecer trivial, lo sé.

Él me pidió por enésima vez que lo empujara en el columpio. Pensé que ya era mayorcito...

- Mira, voy a enseñarte. Lo único que tienes que hacer es estirar las piernas cuando vayas hacia adelante, y encogerlas cuando vayas hacía atrás. Venga. Estira... encoge. Estira... encoge. Estira y encoge también la espalda, a la vez que las piernas. Venga, más fuerte. Estira... encoge.

Aunque él iba haciendo los movimientos, yo le seguía dando empujoncitos, para que no se parara.

Él apretaba los labios, tenía el ceño fruncido. Le estaba costando trabajo ese esfuerzo de coordinación... pero poco a poco comenzó a ganar altura. Dejé de ayudarlo desde atrás. Le cambió el gesto cuando me oyó decir:

- Ya lo tienes, ¡ya estás tu solo! Estas cada vez más alto, ¡ya has aprendido!

- ¿Ya? ¡Qué fácil! ¡Que chulo es con este truco!

Y no se quería bajar, así que me senté en la hierba a mirarlo mientras pensaba... Me di cuenta de que sentía una punzada de orgullo, y me reí de mí misma: qué absurdo, ¿no? Solo le había enseñado a columpiarse... En ese momento pensé lo gratificante que tiene que ser para un padre enseñar a su hijo a crecer, a vivir, a hacer cosas mucho más importantes que columpiarse. Enseñarle a convivir, a amar, a compartir,... y verle avanzar, al principio con la ayuda paterna, y luego por sí mismo.

Supongo que el mundo es un columpio, alguien tiene que subirte y enseñarte a columpiarte. Pero siempre es más fácil si ese alguien se queda un rato detrás, dándote empujoncitos, hasta que tú ya sabes cómo hacer para llegar hasta lo más alto por ti mismo.

jueves, 26 de junio de 2008

Me dan la vida esos enanos...

Bell: - ¡Enrique! No me quites las gafas, ¿no ves que soy miope?

Enrique: - ... ¿Qué es tu ope?

****

Tengo mil más como esa, pero no las apunto casi nunca y acaban por olvidárseme... ¡Tengo que aprender!

martes, 24 de junio de 2008

Semana Supernanny :)

Se avecina una semanita en la que trabajaré por las mañanas haciendo lo que más me gusta: cuidar niños. Quien sepa lo que es trabajar de algo que le divierte, sabrá lo gratificante que es. En mi caso es un trabajillo más que un trabajo, pero por ahora me da el dinero suficiente para mis historias y me hace disfrutar muchísimo.

Algún día seré como María, la de Sonrisas y Lágrimas... Mientras tanto, me divierto haciendo mis propias teorías. Tengo ya bastante experiencia en esto de ir de casa en casa cuidando angelitos (o mocosos, según cómo me caigan), y me sigue fascinando muchísimo adentrarme en Las Cocinas de Las Madres. Las Cocinas hablan de la familia mucho más de lo que pueda creerse, de hecho yo puedo averiguar mucho más de esa gente por el frigorífico (¿compran alimentos light o de soja? ¿qué marcas consumen? ¿hay refrescos y dulces?) que por la decoración, que a veces es engañosa. Y que conste que yo no me pongo a fisgonear por las neveras del vecindario, sino que se empieza por "Ay, ¿le haces un Cola-Cao para la merienda?" y se acaba por: "Hazle algo de cenar, en la nevera tienes de todo, chao!".

Pero esto no es una queja, ¡os lo aseguro! Porque a mi me encanta cocinar, y cocinar para niños todavía más, y entrar en Una Cocina de Una Madre, que es como territorio comanche o algo así, todavía más. Es como territorio sagrado. Lo mejor de todo es que suelen ser encimeras resplandecientes, cuchillos afiladísimos, vitrocerámicas modernísimas... ¡Nadie diría que viven niños en esa casa! Casi me parece un sacrilegio trastear en busca del tenedor de pikachu/pajita de plástico/tostarica chocoguay, así que he desarrollado un sexto sentido que me indica dónde Las Madres guardan las cosas... Ese es uno de mis superpoderes de SuperNanny. Ya iré desvelando otros muchos. Seguro que a lo largo de esta semana tan intensa voy recordando cosas que había olvidado después de esta dura etapa de exámenes!