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sábado, 12 de febrero de 2011

Se renueva mi fe en la sociedad italiana!

Es que soy genial. Antes lo digo, antes publican que


A ver si consiguen algo...

jueves, 10 de febrero de 2011

No passsssa nada

Después de cinco meses y pico en Italia, después de haber trabajado aquí un mes el año pasado y después de haber estudiado bastante historia italiana y haber leído bastante prensa nacional... creo que tengo derecho y juicio suficiente para empezar a expresar mis opiniones acerca de este país sin caer en topicazos.

Vaya por delante que ME ENCANTA Italia, es un país que me fascina en muchísimos aspectos. Pero precisamente por lo mucho que me gusta, me da pena cuando veo las cosas que aquí no funcionan (y que sospecho que tardarán varias generaciones en funcionar).

En concreto, una de las cosas que no me gusta de Italia (aunque sospecho que en el sur es algo más acuciante), es la filosofía del "no passsssa nada". Tranquiiiiiiiilos. Si algo lo podemos hacer mañana, ¿por qué agobiarnos hoy? Si puedes obtener el mismo resultado haciéndolo peor, ¿por qué emplearte a fondo? And so on.

Y en realidad lo tengo que decir con la boca chica, porque nosotros los españoles sabemos mucho de nopassssanadismo. Y sin embargo (ver para creer), en Italia nos superan.

Lo más llamativo del "no passsa nada", lo que no puedo alcanzar a entender, es cómo los italianos, teniendo el país tan rico que tienen, se conforman con un gobierno corrupto, incapaz e irrisorio. Si los Españoles tuviéramos un gobierno tan ineficaz y tan escandoloso, quiero pensar que saldríamos a la calle a la primera de cambio para exigir un gobierno decente.

Pero ahí está Berlusconi, con su Ruby, con sus acuerdos con la mafia, con sus represiones a las manifestaciones estudiantiles... y los italianos tragan. He intentado entender por qué, y creo que es porque
a) están tristemente acostumbrados
b) tienen esa filosofía de "yo solo no puedo hacer nada", así que nadie hace nada.

Hace poco leí en un periódico italiano un artículo muy crítico con la prensa internacional, incluída la española. El periodista se quejaba de la imagen de Italia que da la prensa internacional, arguyendo que estaba plagada de estereotipos y que casi siempre se trataba de un periodismo sensacionalista y superficial. Al final, le acababa dando la vuelta a la tortilla y era la prensa internacional la culpable de la imagen de Italia.

Flipé mucho con ese artículo, porque además estaba escrito de una manera super mordaz.

Se lo comenté a un amigo de aquí y, en una suerte de juego de los espejos infinitos, él me dijo su opinión sobre mi opinión sobre la opinión de este periodista sobre la opinión que la prensa internacional tiene de Italia.

- A ver, ¿tu madre es perfecta? (sí, me dijo "tua mamma").

- Mmm... no, claro que no.

- Vale, pero ¿a que no te gusta que venga nadie de fuera de tu familia a decirte los fallos de tu madre?

Aluciné de lo italianissima que era la metáfora. Efectivamente, para ellos Italia es una mamma. Imperfecta, pero amada incondicionalmente.
Me encanta el patriotismo de los italianos, pero sinceramente, creo que del patriotismo a la ceguera hay un trecho muy grande...

domingo, 6 de febrero de 2011

Aviso... y tardía declaración de intenciones bloggeras

... que, después de estos meses de silencio en el blog, se avecinan grandes tochos.

No, no me he olvidado del blog. No me he olvidado de la gente que sé que lo lee (pocos o muchos, más bien pocos). Pero he estado madurando mentalmente algunas ideas que creo que ya no están verdes. Se dejan comer, más o menos.

Serán entradas relativas a reflexiones, ahora que la Erasmus está cerca de su fin. Un po di tutto: cosas mías, cosas lingüísticas, cosas culturales (???, amo meter la palabra "cultural" cuando me refiero a un concepto tan general que ni yo sé qué abarca).

Creo que ya lo he comentado alguna vez, pero para mí este blog no es ningún compromiso ni obligación, y también creo que en el momento en el que un blogger percibe su blog como un peso ("¡tengo que escribir, tengo que escribir!"), pierde toda la originalidad y todo el sentido. Sí, esto último va por ti, mi querido cucarachito ;)

Así que por eso, por falta de ideas maduras y un poco por pereza, pa qué lo vamos a negar, es por lo que no he escrito desde noviembre. Pero vamos, que nunca es tarde para retomar las cosas, sobre todo (y de hecho únicamente) si hay ideas interesantes que compartir.

Un besito y hasta muy pronto!!

martes, 16 de noviembre de 2010

Cerca del hogar

No es ningún secreto que aquí, en Italia, estoy contentísima. Me va bastante bien. Que tengo amigos, que me lo paso bien, que salgo de fiesta. Pero cuando de repente haces una ventanita en tu rutina para asomarte a lo que era tu vida de antes, entonces es cuando te das cuenta de lo que echabas de menos todo eso.

Los amigos de los viernes. Impertérritos, como una certeza absoluta, y esperando con los brazos abiertos.

Los 20 grados de Sevilla y ese cielo que parece no haber visto nunca una nube.

Las risas y los chistes de los primos, el abrazo tan puro que te dan.

El zumo de melocotón al sol con “ellas”, saber que por mucho tiempo que pase, podemos ponernos al día en un rato.

El olor de la camisa de “él”, que me transporta a otros días, a otros abrazos.

Las comidas con mi familia, las de un día cualquiera, las de un día especial. Da igual, en todas acabamos riéndonos.

Mis “niños” de Confirmación, que ya no son tan niños, y que han dado ese paso tan importante convencidos e ilusionados.

Demasiadas alegrías en tan poco tiempo; aún las estoy digiriendo.

Pensé que después de un fin de semana así, me resultaría difícil volver a “casa”. Pero me recibieron con pasta al ragú, una tarta de coco y abrazos. Así que creo que he llegado a un equilibrio perfecto en el que me siento querida a la ida y a la vuelta (dos conceptos que empiezo a confundir...).

La conclusión es que tengo las pilas cargadísimas y muchas, muchas razones para decir

GRACIAS.


A todos.

domingo, 10 de octubre de 2010

I love(d) mi bike

Me gustaba mi bici. Me la regalaron mis padres al acabar 1º de carrera (en mi casa se sigue estilando aquello del “regalo por las notas”, como cuando éramos pequeñas). Llevaba un tiempo queriendo una bici de paseo, y me encapriché de esta en concreto cuando se la vi a una amiga. Era rosa.

Durante mucho tiempo, casi dos años, no la usé para nada. Tuve pequeños arranques, coqueteos, pero acababan mal... o rueda pinchada o caída o “me he comido todas las farolas posibles”. Sí, soy torpe.

Pero fui cogiéndole el gustillo. Comencé a verla como una alternativa al bus, y empecé a moverme con ella de verdad. En cuarto de carrera empecé a ir todos los días a la universidad en bici + metro. Era mucho más rápido y me encantaba salir tempranito de casa y cogerla, con el fresquito de la mañana en el pelo.

Se fue convirtiendo en un vicio. Para salir de noche me parecía la opción perfecta. También iba de compras con ella (las bolsas en el manillar), y alguna visita al Mercadona he hecho con ella (la compra en la cesta delantera a punto de rebosar). Le pillé el tranquillo a pedalear con tacones y cuñas e, increíblemente, me acabó pareciendo más cómodo que hacerlo plana.


Cuando fui a Florencia me traje una pegatina roja de la flor de lis (símbolo de la ciudad) para pegarla en el cuadro. Rosa y rojo, puñetazo en el ojo. Pues no. Me encantaba como quedaba. Después encontré aquel timbre tan repipi, “I love mi bike”. Pero es que en ese período la amaba de verdad.

La cesta se empezó a cansar de cargar diariamente con mis bolsos, la mayoría de los días grandes y pesados. Libros de la biblioteca, bolsas, chaquetas... hicieron que los tornillos cedieran, y la cesta traqueteaba desde hacía tiempo. “A ver cuando aprieto la cesta...”.

Los frenos también pedían a gritos que los revisara. Paulatinamente fueron dejando de hacer su trabajo. Uno de ellos de jubiló al 100%, y el otro había que apretarlo hasta el fondo para que hiciera un mínimo efecto. Un día le dejé la bici a un amigo para dar una vuelta y estuvo a punto de matarse porque yo no caí en avisarle de este pequeño detalle...

“Tengo que encontrar tiempo para arreglar los frenos”...

Y las ruedas. Las ruedas me traían de cabeza. Se me pinchaban cada dos por tres. Es sorprendente que hasta septiembre de este año no aprendiera a cambiar la cámara yo sola, pero siempre había contado con ayuda y me había apoltronado un poco. Hasta este verano, que dije: “se acabó, esta vez cambio yo las ruedas”.

Sí, este verano. El mismo verano de los picnics (poco presupuesto y un poco de imaginación fueron los detonantes), que montábamos en cualquier sitio donde pudiéramos llegar en bici. La suya negra, preciosa, y la mía rosa. Hacían buena pareja y todo, leñe. Tiradas en la hierba como nosotros, esperando al sol.

Cuando este verano veía que se iba acercando el momento de irme a Italia, pensé que la iba a echar de menos. Me había acostumbrado a ella para todo. Así que mis últimos días en Sevilla la estuve exprimiendo al máximo.

Dos días antes de irme, fui a casa de mi abuela, en los Remedios, con mi bici. Parece el cuento de Caperucita... lo malo es que me topé con el lobo. Cuando, ya por la tarde y en la Buhaira, salí de una heladería donde había estado con mis niños de catequesis, no pude creer lo que veía. O lo que no veía. No veía mi bici donde la había dejado amarrada. Veía mi pitón en el suelo, rota. Me fui acercando sin poder o sin querer darme cuenta de lo que pasaba. La pitón masacrada parecía un cuerpo inerte de algo que en algún momento tuvo vida. Lo más surrealista es que, junto al cadáver de la pitón, había una bici que no era la mía. Y estaba sin amarrar. En fin...

Alguien se había llevado mi bici. Alguien, a plena luz del día, en plena avenida de la Buhaira en Sevilla, se había llevado una bici. Una bici rosa, cursi como ella sola, con las ruedas un poco desinfladas, los frenos flojísimos, y la cesta y el trasportín bailarines a más no poder.

No era muy cara, claro que no. En X sitio las tienen ahora a Y euros, claro que sí. Pero esa no será mi bici.

A veces concedemos a los objetos una plusvalía, un valor por encima de su coste original y material. La plusvalía que tenía esta bici era que yo había cambiado mucho sobre esas dos ruedas. Los últimos años, que coinciden con la época en que la empecé a usar con asiduidad, han sido importantes y hermosos para mí. Años de crecimiento, de maduración. Sobre esa bici he pensado mucho. He cantado y hasta creo haber llorado.

Así que no solo me han robado una bici rosa y cursi, que traqueteaba y no frenaba... también me han robado eso. Y ha tenido que suceder para, finalmente, darme cuenta de por qué me gustaba mi bici.



martes, 28 de septiembre de 2010

viaja-aprende-crece




Llevo una semana aquí y ya he recordado por qué me encanta viajar.

Estoy convencida de que para apreciar lo que tienes, hay que conocer otras cosas. Para conocerte, hay que conocer a los demás. Para valorar las cosas buenas de tu cultura, tienes que encontrar cosas que van peor; y para aprender en qué se debe mejorar, tienes que maravillarte con las cosas en las que nos llevan la delantera (y hay tantas cosas...).

De lo más grande a lo más pequeño, se aprenden cosas maravillosas...

Y esto es solo el principio

(Los italianos beben agua ANTES del café y no después, para saborearlo mejor... qué monos que son).


domingo, 2 de mayo de 2010

Siendo alternativos

¿Feria alternativa? Que me hagan una feria a mí, que yo sí que soy alternativo: joven, cristiano y no fumo porros.
- Fígaro dixit

viernes, 30 de abril de 2010

Somos humanos

A veces se nos olvida, pero sí: somos humanos.

No tenemos la responsabilidad que creemos que tenemos, no somos tan importantes como creemos que somos, no podemos solos con todo... y sobre todo, no somos perfectos.

Y menos mal.

Somos dulcemente imperfectos, y ahí está el color, la sal. Por eso no merece la pena perderse en laberintos de dimes y diretes y olvidarse de lo que importa.

Creo que a veces es necesario volver a los orígenes, reflexionar: ¿por qué tomé esta decisión? Que puede aplicarse a todo...

¿Por qué quise estudiar esta carrera?

¿Por qué me gustaba hacer esto?

¿Por qué creía en esto?

¿Por qué entré aquí?


Somos humanos, perfectos en nuestra imperfección, y aunque no nos acordemos, meras herramientas de Algo más grande que nosotros.

Si tenemos eso en cuenta y nos abandonamos a eso, todo lo demás se hace taaaaaan pequeño...





Don't carry the world upon your shoulders...
(Hey Jude y Lc 12, 22-31)

martes, 6 de abril de 2010

Las cosas, como son

Que vale.

Que la sociedad y los medios de hoy en día nos bombardean con violencia desde que tenemos uso de razón.

Que no se puede juzgar y encarcelar a un menor igual que se haría con un adulto.

Pero mira, por mucho que digan lo contrario, una niña de 15 años SÍ sabe lo que está bien y lo que está mal, y, a no ser que tenga algún tipo de retraso mental, sabe que matar es algo malo y que si le cortas las muñecas a otra niña, ¡oh!, se puede morir desangrada.

Así que todos aquellos que dicen que es injusto "legislar en caliente" y que "son cosas de niños", que hagan un ejercicio de empatía e intenten imaginar lo que sentirían si su hija hubiera sido vilmente asesinada y la homicida pasara un máximo de 5 años en un reformatorio, al fin de los cuales saliera a la calle completamente libre y sin ningún antecedente penal.

Reforma de la ley del menor YA.



... en vista de que algunos valores ya son imposible de recuperar.

sábado, 27 de marzo de 2010

Alienation

Ayer en Interpretación estábamos hablando de la alienación porque salió en un discurso algo así como que había que "alienate the non-democratic forces".

La alienación es algo en lo que he estado pensando últimamente, en este sentido:

5. f. Psicol. Estado mental caracterizado por una pérdida del sentimiento de la propia identidad.

Mira tú, la quinta acepción. Pero sé exactamente a qué se refiere. Yo me siento alienada cuando en una discoteca ponen música house y todo el mundo baila mecánicamente y está todo oscuro pero te dan las luces en la cara intermitentemente y la gente se mira pero no se mira a la vez, y a veces pienso que si de repente parara la música, se escucharía un silencio atronador.


No me gusta la música house, pero me gusta ser ese alieno ("otro", en latín), salir de mi yo por un rato y ser consciente y felizmente alienada. Creo que lo chungo es cuando no nos damos cuenta de que se nos aliena, normalmente con cosas mucho más peligrosas que la música.

Sé que este tocho no pega ni con cola, pero este concepto lleva varias semanas rondando por mi mente, y bueno, para eso está este blog, para servir de válvula de escape y de estantería para mis pensamientos.

viernes, 19 de marzo de 2010

Zurdos, diestros y viceversa

Hoy iba en el autobús haciendo una traducción (esto ya es la debacle, hago las traducciones en el bus...) y una señora a mi lado me vio escribiendo y me dijo:

"Yo admiro a los zurdos".

A lo que yo le dije: "Yo admiro a los diestros, entonces. No tiene nada de especial, cada uno escribe como puede". (Que conste que se lo dije sonriendo, que no es tan borde como suena aquí).

Pero ella seguía erre que erre:

"Ya, pero es que escribir con la izquierda tiene mucho mérito".

Y ya ahí tiré la toalla.

martes, 9 de marzo de 2010

Todos vamos de azul klein



En la película "El diablo viste de Prada" hay una escena que da mucho que pensar. Andrea, una chica normalita y sin especial interés hacia la moda, trabaja como asistente personal de la exigente editora de una revista de moda de éxito. Este "ogro" está claramente inspirado en el personaje de Anna Wintour, directora de Vogue, amada por el mundo, temida por sus empleados.

Pues bien, en la escena de la que quiero hablar, la secretaria, cansada de las excentricidades de su jefa, ridiculiza el hecho de que esta vea diferencias entre dos cinturones casi idénticos, y critica la "esclavitud" que parece imponer la moda a todos aquellos que deciden seguirla.

Entonces, la directora de la revista le explica el proceso que se produce desde que una tendencia se crea en la mente de un diseñador, hasta que llega a la pasarela, para después ser clonada por las marcas accesibles, y finalmente la gente que cree que no se interesa en la moda acaba inexorablemente llevando tal color, o tal corte, o tal tejido, y lo mejor de todo es que deciden que le gusta, pero no, no es porque "se lleve".
La jefa-ogra-inspirada-en-Ann-Wintour ejemplifica esto en la falda de la chica, que es de color azul klein (o eléctrico, que es más castizo, pero parte de la gracia es que la muchacha no tiene ni idea de que el color de su falda recibe ese nombre en las altas esferas fashionistas), y apareció en las pasarelas hace X temporadas.

BUENO, FIN DE LA SINOPSIS. (Qué mala soy resumiendo...)

Mi reflexión es la siguiente: es muy fácil criticar las cosas sin darnos cuenta hasta qué punto somos partícipes de aquello que criticamos. Cuando uno se encuentra ante este problema, tiene dos opciones: hacer lo que te venden (literal y figuradamente) o llegar a la raíz del problema e intentar ser consecuente.

Pero nos venden azul klein, y lo compramos, y luego criticamos la moda.

No sé. Es muy fácil subirse al carro de criticar al ayuntamiento, a la junta y al gobierno. Al carro de criticar que suba el paro y que no haya inversión en I+D+I. Al carro de "¿pero en qué se gasta el dinero este gobierno?". Pero luego me voy de Erasmus y con la beca me voy de copas.

(Lo siento, pero me da dolor nada más de pensar el DINERAL que se invierte en este tipo de becas y lo desaprovechado que está en muchas, muchas ocasiones).

Lo de la erasmus es solo un ejemplo.

Este post no va de moda, no va de malgastar el dinero. Va de ser coherente con un modelo de vida.

Porque ya que todos vamos de azul klein, al menos vale la pena preguntarse por qué.



domingo, 7 de marzo de 2010

Me encantan los artistas carismáticos


...y un con un puntito ególatra. Eso sí: completamente justificado.

"Yo hago lo imposible, porque lo posible lo hace cualquiera"


"Yo no evoluciono, yo soy. En el arte, no hay ni pasado ni futuro. El arte que no está en el presente no será jamás"

"Desde niño pintaba como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño"

Pablo Picasso. (1881-1973)

    martes, 19 de enero de 2010

    Relativamente necesario

    "Si tengo un lío con la ley, no me fío de mi primo el que hizo dos años de Derecho: contrato a un abogado. Si tengo piedras en el riñón, no me conformo con mi vecino el que ve House: voy al médico. Pero para traducir al inglés la carta de mi restaurante, no me hace falta ni mi colega el que estuvo en Londres una semana: ¡tengo el traductor de Google!"

    Esto fue lo que debió pensar el dueño de un restaurante del centro de Córdoba en el que he estado este fin de semana.Porque si no, no me explico que en la carta de postres, "Pudin de pasas" estuviera traducido como "Pudin of you happen (pass)". Así, tal cual. Sin anestesia.

    Mi primera reacción fue reírme, pero luego me dio pena porque me percato día a día de lo increíblemente infravalorada que está mi (futura) profesión. ¿Un traductor? ¿Para qué hace falta gastarse el dinero en un traductor? ¿Es necesario?

    Entendedme: sé que no hace falta haber estudiado traducción para no incurrir en errores tan sangrantes como ese, pero también sé que contratar a un traductor es algo MUY barato y que garantiza un producto de calidad. Es el producto de una persona que

    a) Conoce y maneja con facilidad el idioma meta (en este caso, inglés)
    b) Conoce y maneja con maestría el idioma origen (en este caso, español)
    c) Sabe documentarse (guardó aquel link al glosario cuatrilingüe sobre tipos de solapa de bolsillos y otros muchos que parecían igual de inútiles y luego le salvaron la vida).
    d) Trabaja eficazmente. Y con eficazmente me refiero a muy rápido aun estando bajo mucha, mucha presión.
    e) Con suerte, se ha especializado en la materia que está traduciendo. (Sí, lo sabe todo acerca de la miocardiopatía dilatada).
    e) SORPRESA! Ha estudiado para ello. Igual que el médico o el abogado.

    Tal vez no sea comparable, pero al fin y al cabo el traductor es un profesional al que, por cierto, le puedes reclamar un trabajo mal hecho, igual que harías con cualquier otro profesional al que has pagado.

    CONCLUSIÓN: Si tienes un negocio, si vives de tener clientes y tu restaurante está en el centro de una ciudad hiper turística, plantéate si merece la pena contratar a un traductor para algo tan "trivial" como que tu clientela extranjera entienda la carta. Es algo relativamente necesario.


    lunes, 18 de enero de 2010

    Poco que decir

    Ya queda poco que decir.
    Todas las ONGs e instituciones internacionales se han volcado con los damnificados de Haití. Hay medios más que suficientes para ayudar... Por eso creo innecesario hacer un post que enumere las mil y una cuentas que tienen las ONGs en los principales bancos. Tampoco quiero apelar al morbo y enlazar con vídeos lacrimógenos, que ya los hay en YouTube.

    No lo creo necesario porque quiero confiar en que a nivel económico y humano todo el mundo ya está haciendo lo posible por ayudar, aunque sea un poquito. Que se note, como dice Juanan, que somos un mundo globalizado también para lo bueno.

    Yo no puedo coger un avión e irme así por las buenas a echar una mano. Eso sí, me gustaría, aunque solo fuera para ayudar a repartir la comida... que he visto vídeos y vaya... Comprendo que hay que mantener el orden y tal, pero vamos, los cascos azules reparten los platos de comida de una manera completamente deshumanizada... No es comida lo que están dando, es VIDA, es la respuesta del mundo ante el llanto de un pueblo. No pueden hacer de algo tan intenso un proceso robótico y exento de cualquier emoción, afabilidad o mera comunicación.

    A lo que voy: como no puedo irme para allá, a lo máximo que aspiro es a pedir una cosa a todo el que lea este blog: hay que rezar por ellos. Y por nosotros, para que adquiramos la solidaridad como regla, y no como excepción; y para que no se apodere de nosotros esta sensación de "qué buenos somos, Occidente salva a Haití" que me está empezando a preocupar. Todo lo que hagamos deberíamos hacerlo desde la humildad más pura y la empatía más sincera.

    Feliz semana.

    domingo, 13 de diciembre de 2009

    Su historia personal

    Hace unos días estuve hablando (por casualidad, creo que podría decirse) con una chica de unos 16 años que me impactó muchísimo. Estábamos hablando de "El Alquimista" y de lo que habíamos extraído de ese libro. En él hay un concepto clave, la "historia personal", que es algo así como el mayor propósito que una persona puede tener, la razón que le da la vida, la meta que le da sentido al resto del camino.

    Ella era una chica normal. Morena, estatura media, muy mona. Muy risueña. Pues bien. Me soltó así como así:

    - Yo sé que he nacido para cambiar el mundo. Lo he sabido siempre, voy a cambiar el mundo.

    Me quedé pasmada. Ahí es nada, vaya historia personal, cambiar el mundo.

    Sobre la pantalla donde lo escribo, veo que puede sonar arrogante. "He nacido para cambiar el mundo". Qué egolatría, ¿no?

    Pues no.

    Solo con esos ojos, solo con esa edad, solo con ese convencimiento humilde, una persona puede decir eso y sonar a sinceridad.

    Me removió por dentro y no me la quito de la cabeza... Creo que es porque no hace mucho, yo era esa niña de ojos brillantes y seguridad férrea en "cambiar el mundo". No sabía con qué, no sabía cómo, pero sabía que lo haría.

    Como en "El Alquimista", el mundo me ha ido poniendo pegas y yo, en vez de entenderlas como pruebas, las he entendido como obstáculos insalvables. O no, creo que me he olvidado de que esa era mi gran propósito, y punto. La rutina ha hecho que lo olvide. "Devolver el libro a la biblioteca antes de que venza el préstamo", "terminar la memoria de Arte a tiempo", "pasarme por Woman Secret a usar el cheque-regalo"... esos se han convertido en propósitos a un plazo muchísimo más corto, pero más urgente, aparentemente.

    Y me he olvidado de que yo también quería cambiar el mundo.

    No sé si esa chica leerá esto, pero quiero darle las gracias por recordarme cuál era mi Historia Personal.

    Gracias, Esther. Ya sabes: "cuando deseas algo con fuerza..."

    domingo, 15 de noviembre de 2009

    Aquellas pequeñas cosas

    I simply remember my favourite things and then I don't feel so bad.


    Hemos oído ya mil veces eso de que la felicidad no se compone de eventos grandiosos, sino de pequeños detalles que hay que valorar y disfrutar. A mí personalmente me pasa que tengo esa máxima muy trillada, pero a la hora de la verdad no suelo ponerla en práctica, y me olvido de fijarme en "aquellas pequeñas cosas".

    Así que he decidido dedicarle una entrada a 10 de mis detalles favoritos... Cosas que, bueno, no cambian la vida, pero me arrancan una sonrisa.

    1. Los carritos de mellizos (con mellizos incluidos, claro está)
    2. Las primeras notas de "Lucy in the sky with diamonds"
    3. El olor de la ropa de Cortefiel
    4. El ambiente de los aeropuertos y estaciones
    5. Hacer pasteles y dulces
    6. Merendar en Torreblanca con los niños
    7. El olor de mi chico
    8. Ir a una discoteca y que estén poniendo una canción que me vuelve loca
    9. Hablar con gente de otros países
    10. Zambullirme en el mar
    Seguro que hay mil más, pero lo importante es saber reconocer esos pequeños detalles cuando ocurren... un olor, una sonrisa, una sensación que te puede alegrar el día si la dejas entrar en tu vida.

    Sirva este post para hacer reflexionar a quien lo lea acerca de sus "pequeñas cosas", aunque sean eso, 10 detalles que le hagan sonreír. Y quien se anime, que los comparta aquí, que a mí me encantará conocerlos (seguro que coincidimos en algo...)

    jueves, 5 de noviembre de 2009

    :(


    Los traductores e intérpretes son personas que han renunciado a sus propias voces. (Javier Marías).
    Entiendo a qué se refiere, pero no me gusta verlo así.

    Siempre nos han dicho que nuestro producto, oral o escrito, será bueno en la medida en que los traductores/intérpretes seamos invisibles. Es decir, que el lector ni siquiera se pregunte si el texto que está leyendo fue escrito antes en otra lengua o, en el caso de la interpretación, que el público llegue a identificar tu voz con la del orador. Cursiva

    No es que me guste la idea de ser invisible, pero creo que es preferible a las connotaciones tan chungas que suscita en mi mente eso de "renunciar a nuestras voces". ¿No?

    viernes, 30 de octubre de 2009

    El poder de la palabra

    - ¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente? Al final, acabaremos haciendo imposible todo crimen del pensamiento. En efecto, ¿cómo puede haber crimen mental si cada concepto se expresa claramente con una sola palabra, una palabra cuyo significado esté decidido rigurosamente y con todos sus significados secundarios eliminados y olvidados para siempre? En la undécima edición [del diccionario de neolengua] nos acercamos a ese ideal, pero su perfeccionamiento continuará mucho después de que tú y to hayamos muerto. Cada año habrá menos palabras y el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño. La revolución será completa cuando la lengua sea perfecta.

    (1984, de George Orwell)

    Siempre me ha interesado la psicología del lenguaje, la típica cuestión de "¿pensamos como hablamos o hablamos como pensamos?". Haría una disertación sobre esto, si no fuera porque, por ahora, todo lo que sé se limita a impresiones y teorías mías. En cuanto tenga tiempo libre (lo que equivale a "en otra vida") leeré a Chomsky por un tubo.


    lunes, 28 de septiembre de 2009

    The Time Is Now

    A principios de este verano estuve en un camping con unos amigos. Podría escribir decenas de posts sobre ese viaje, pero ahora quiero sacar a relucir solo un detallito, algo que me llamó mucho la atención.

    El chico de la cafetería, aquel muchacho de veintipocos que ponía los cafés tan sonriente, tenía un reloj con un papel pegado a la esfera, donde podía leerse escrito a mano: AHORA.

    Solo ahora es ahora, está claro.

    Y ese "ahora" acaba de pasar.

    Menos mal que hay otro...

    Tarde, se fue.